Dirijo desde 1996, cuando con trece años abrí mi primer manual de Advanced Dungeons & Dragons y me senté al otro lado de la pantalla. Casi treinta años después sigo ahí, casi siempre como Game Master. Lo que me engancha no es imaginar un mundo, sino construir una historia en común con la mesa, dejando mucho al azar para que nadie, yo incluido, sepa del todo cómo acabará. Mi mejor recuerdo es el cierre de una campaña de tres o cuatro años: un combate feroz, los trasfondos de cada personaje confluyendo y un final épico que además dio pie a varias sesiones más. Fuera de la mesa soy ingeniero de software y metódico por oficio. El rol es mi vía de escape a esa rigidez, y de ahí sale mi forma de dirigir: una base sólida y mucho espacio para improvisar.
Mi mesa es oscura y épica, con mucho peso de exploración y combate. El roleplay y la historia nacen de lo que hacen los personajes, no de un guion cerrado. Improviso más de lo que preparo: reacciono a vuestras decisiones y dejo que las consecuencias importen. Dirijo D&D (5e y AD&D 2ª edición), La llamada de Cthulhu, Hombre Lobo, Vampiro y Fading Suns. Me influyen Dune, El Señor de los Anillos, Elric de Melniboné y mucha ciencia ficción. Es una mesa para gente madura y desenfadada, que disfruta del tono oscuro sin tomarse el juego demasiado en serio. No encajarás si buscas protagonismo individual o no aceptas ceder parte de la historia de tu personaje por el bien del grupo.
- Compromiso. Puntualidad, cámara encendida y asistencia regular. Sin esto la mesa no funciona.
- Actitud. No hace falta preparar mucho ni conocer las reglas. Sí hace falta voluntad de explorar y flexibilidad.
- Sesión cero. Antes de empezar fijamos juntos líneas y velos con una guía. Lo acordado no se cruza. No admito roleplay de contenido sexual de ningún tipo.
- Convivencia. Espero inclusión y cero conflictos. Si surge uno, pauso la partida y lo hablamos antes de seguir. El metagaming ligero no me importa.
- El grupo primero. Tu personaje brilla, pero la historia es de todos.
- Ausencias. Avisa con al menos 24 horas. Dos faltas sin aviso suponen la pérdida de tu plaza.